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SOSTENIBILIDAD

La presencia de la industria petrolera en la Amazonía Ecuatoriana, junto con la invasión de la infraestructura moderna, son una amenaza constante para las comunidades ancestrales que residen allí. Por más de 40 años, Raúl García, fundador y CEO de Anakonda Amazon Cruises, ha trabajado para desarrollar un modelo sostenible de turismo en la región que proporcione una fuente alternativa de ingreso a las comunidades y que opere de una manera que preserve la selva amazónica.

captain immersion in Amazon culture

En 1977, cuando era joven, Raúl García se unió a la operación del primer crucero fluvial que navegó por el río Napo a través de la región amazónica del Ecuador. Mientras trabajaba río arriba y abajo explorando actividades de observación de vida silvestre para el crucero, García entró en contacto con varias comunidades ancestrales en la región. Cerca del río vivían los Kichwas; al norte, los Cofanes y los Sionas; hacia el sur se encontraban los Huaoranis en el Parque Nacional Yasuní y los Secoyas cerca de la frontera peruana.

«No fue mi intención conocer a las comunidades locales cuando comencé, pero sucedió de todos modos», dice García. A medida que él y su equipo exploraban más y más la selva amazónica, comenzaron a desarrollar relaciones con los miembros de la comunidad, quienes compartieron con ellos sus conocimientos sobre la vida silvestre circundante. García pasó muchas noches alrededor del fuego, comiendo con las comunidades y aprendiendo de su cultura. Traía latas de atún y SPAM (carne de cerdo enlatada) para comer con arroz cuando las comunidades no tenían tiempo de preparar al fuego la carne que traían del bosque.

García dice: «En aquellos días, las cosas eran totalmente diferentes. No había motores fuera de borda para las canoas o toldos para sombra. Las canoas eran talladas en un solo árbol». En estas crudas canoas, García viajó por la selva con diferentes miembros de las comunidades. «Me contaban pequeños secretos, como dónde se encontraban los lamederos de los loros», dice García. Además, leyó libros sobre el ecosistema de la selva para complementar lo que estaba aprendiendo durante sus exploraciones. Él dice que en aquel entonces, sin televisión ni películas en la Amazonía, leer libros era como pasaban el tiempo durante el anochecer a bordo del barco.

Al mismo tiempo que Raúl aprendía de la Amazonía, la industria petrolera se estaba infiltrando en la región. Cuando los proyectos de exploración petrolera resultaron rentables, las compañías ofrecían grandes sumas de dinero a las tribus a cambio de sus tierras. Para los indígenas que aceptaron estas ofertas, esta introducción a la economía moderna creó una disrupción en su cultura. Estas comunidades habían sido invadidas constantemente por la civilización durante cientos de años, desde la invasión española del siglo XV hasta la invasión moderna de la infraestructura y el petróleo, estas culturas corrían un grave riesgo de desaparecer por completo. Las comunidades que nunca habían necesitado depender del dinero se estaban volviendo rápidamente dependientes de la venta de los preciosos recursos de la Amazonía. «Esto cambió su forma de vida», dice García, y agrega, «porque su vida real es ir al río a pescar, lavar y nadar, ir al campo a cazar y obtener su proteína de esa manera».

Cuando comenzó a trabajar en la Amazonía, García no entendía la importancia de la sostenibilidad. «Para mí, todas las aves eran negras, todas eran lo mismo, pero luego aprendí mucho sobre el bosque y sobre la diversidad de las especies allí».

García llegó a apreciar el delicado ecosistema de la Amazonía, cada animal y planta con su rol y su diseño especial. Conservar tanto la cultura como el medio ambiente se convirtió en una pasión de García. En 1985, fue cofundador de la Sociedad de Eco turismo de Ecuador, y colaboró como presidente desde 1995 hasta 2003.

En 2003, García lanzó su propio crucero fluvial, el Manatee, llamado así por las especies vulnerables del río. La visión de García para el crucero era mucho más que simplemente traer turistas para visitar los lugares de interés. Estableció su operación como una forma alternativa de ingresos para las comunidades de la Amazonía Ecuatoriana.

Al contratar y capacitar a miembros de la comunidad como tripulación a bordo del barco y al colaborar con otros para proteger diferentes áreas del bosque, García desarrolló un modelo de turismo sostenible que ayudó a preservar la vida silvestre y a compensar a las comunidades locales. En 2013, García construyó otro barco, el Anakonda, y en el verano de 2017, lanzó un nuevo Manatee para reemplazar el modelo anterior y crear la única línea de cruceros en la selva Amazónica Ecuatoriana.

García cree que trabajar en estrecha colaboración con las comunidades locales es importante para preservar la selva amazónica. Los parques nacionales protegidos del Ecuador son cruciales para la conservación de la Amazonía, pero también es imprescindible colaborar con las personas que viven en los parques y sus alrededores. «Podríamos hacer nuestra operación sin ellos, pero sería una operación sin espíritu», dice García, quien destaca el equilibrio que se requiere para incluir a las comunidades pero no venderlas como parte de su producto. «Quiero que sea una colaboración y que obtengan parte del beneficio. Realmente no quiero usarlos. Siempre trato de hacer nuevos itinerarios que involucren a la gente», dice.

García diseña sus itinerarios con actividades de encuentros culturales donde los huéspedes pueden conocer a miembros de la comunidad, aprender sus tradiciones y experimentar nuevos sabores como yuca preparada, maito con sal y pimienta y chicha sin alcohol. Cada viaje a la selva tropical es diseñado con el propósito de beneficio mutuo para los huéspedes, las comunidades y el medio ambiente. García dice: «La gente quiere compartir su cultura y quieren ser guías».

Mirando hacia el futuro, todavía queda mucho trabajo por hacer. La presencia de la industria petrolera sigue siendo fuerte dentro de la región y la amenaza de la civilización externa aún persiste. Cuando se le pregunta cuál cree que sería un buen resultado para las comunidades, García dice: «Esperamos que puedan sobrevivir. Ese es un punto importante. De lo contrario, serán devorados por la civilización y otras culturas. Nuestra principal preocupación es ayudarlos, compartir más con ellos y brindarles oportunidades».

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